Cuando un coche permanece aparcado al sol durante los meses de verano, el interior puede convertirse en un auténtico horno. La temperatura del habitáculo puede superar los 70 ºC en poco tiempo y algunos elementos como el salpicadero, el volante o los asientos pueden alcanzar valores todavía más elevados. En este proceso, además del color de la carrocería y de los materiales interiores, los cristales del vehículo tienen un papel fundamental.
La superficie acristalada de los coches ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. Los parabrisas son cada vez más grandes y están más inclinados para mejorar la aerodinámica, mientras que los techos panorámicos se han convertido en un elemento habitual en muchos modelos.
El efecto invernadero dentro del coche
Cuando la radiación solar atraviesa los cristales, una parte llega a los elementos interiores del vehículo. El salpicadero, los asientos, el volante o las molduras absorben esa energía y posteriormente la emiten en forma de radiación infrarroja, que queda atrapada dentro del habitáculo. Es el conocido efecto invernadero.
Según estudios, la mayor parte del incremento de temperatura se produce durante los primeros minutos de exposición. Aproximadamente el 80% del aumento térmico de un vehículo estacionado al sol tiene lugar durante la primera media hora, con valores superiores a 70ºC en el interior y picos de hasta 90ºC en algunas superficies.
Por este motivo, nunca debe dejarse a una persona o mascota dentro de un vehículo aparcado, aunque sean pocos minutos o aunque el coche esté a la sombra. La temperatura interior puede subir rápidamente hasta niveles peligrosos.
¿Todos los cristales protegen igual del calor?
No. Aunque todos los parabrisas actuales cuentan con protección frente a los rayos ultravioleta (UV), no todos incorporan tecnologías capaces de reducir la radiación infrarroja, que es la principal responsable del aumento de temperatura.
La capa de butiral de polivinilo (PVB) situada entre las dos láminas de vidrio del parabrisas laminado bloquea más del 90% de los rayos UV, protegiendo a los ocupantes frente a esta radiación. Sin embargo, la radiación infrarroja atraviesa con mayor facilidad los cristales convencionales y es la que más contribuye al calentamiento del habitáculo.
Cristales tintados: menos luz, pero no siempre menos calor
Los cristales tintados u oscurecidos son una de las soluciones más conocidas para reducir la entrada de luz en el habitáculo. Al disminuir la cantidad de radiación visible que penetra en el coche, mejoran el confort visual y reducen parcialmente el calentamiento.
Sin embargo, no todos los cristales tintados ofrecen una protección térmica avanzada. En muchos casos, el oscurecimiento se consigue mediante materiales que absorben parte de la radiación solar. El propio cristal aumenta su temperatura y puede transmitir parte de ese calor hacia el interior.
Por ello, un cristal más oscuro no siempre significa un habitáculo más fresco. La clave está en la capacidad del vidrio para bloquear la radiación infrarroja, no únicamente en su tonalidad.
Cristales con control solar: la tecnología más eficaz
Los vehículos equipados con parabrisas de control solar incorporan tratamientos específicos capaces de reducir la entrada de energía solar. Estas soluciones pueden utilizar recubrimientos metálicos multicapa, algunos con capas microscópicas de plata, que reflejan parte de la radiación infrarroja antes de que llegue al interior.
Otra tecnología utiliza láminas funcionales integradas dentro del propio vidrio laminado. Estas capas pueden actuar filtrando o absorbiendo selectivamente determinadas longitudes de onda de la radiación solar.
Artículo extraído de:
coches.net



